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Filosofía para jóvenes y mayores
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Terricabras, J.-M., Atrévete a pensar (Paidós, Barcelona 1999)

Terricabras, J.-M., Atrévete a pensar (Paidós, Barcelona 1999)

Atrévete a pensar suena como si nos hiciesen un reto, como si nos propusieran atrevernos a hacer algo que no sabemos o que no hemos hecho nunca, pero pensar es algo que hacemos todos los humanos. Aún sin querer, se está pensando en algo. Este libro propone hacer un esfuerzo para pensar con rigor y no dejarse llevar por los convencionalismos, reflexiona sobre la importancia de analizar las cosas que aprendemos y descubrir por qué son así.

Está bastante claro que todos pensamos, pero es mucho mejor disponer de ayudas para poder desarrollar nuestros pensamientos mejor. Los pensamientos pueden tener distintas procedencias:
· Pueden ser pensamientos “propios”, que son los que somos conscientes que no hemos tomado de nadie.
· Después existen los pensamientos que son tomados de otras personas.
· Y por último, los pensamientos compartidos, que pueden ser propios pero a la vez los tienen otras personas.
Desde que somos pequeños y nos educan, tomamos pensamientos compartidos de la gente de nuestro alrededor. Únicamente somos capaces de llegar a poseer pensamientos propios cuando los construimos o nos basamos en pensamientos previamente adquiridos. Nadie empieza a tener pensamientos propios desde cero. Compartimos pensamientos con otros porque compartimos el lenguaje, y aprendiendo una lengua se aprende una forma de vivir y de ver la realidad que nos rodea. No quiere decir que porque compartamos la misma lengua también compartamos los mismos pensamientos, sino que tenemos todos las mismas referencias, historias, tradiciones, vivencias… Cuando decimos “mis pensamientos” solemos referirnos a pensamientos que hemos hecho nuestros aunque sean pensamientos que ya han sido creados por otros y no sean originales nuestros.
En la vida estamos llenos de interrogantes, cuestiones y enigmas, y por eso muchas veces nos preguntamos el por qué de las cosas. No siempre se obtiene una respuesta para todo lo que nos preguntamos, pero la mayoría de las preguntas que podemos hacernos tienen diferentes respuestas y puntos de vista. Sabemos los diferentes tipos de explicaciones que pueden tener las cosas pero no podemos saberlas todas con certeza. Lo que sabemos depende mucho del intercambio de conocimiento y de experiencias con otras personas. El hecho de que participemos en discusiones o diálogos para encontrar argumentos buenos y coherentes demuestra que creemos que los demás pueden ser convencidos y que nos pueden convencer. El hecho de que razonemos muestra que creemos en la posibilidad de llegar a un acuerdo o de entendernos. Pero la posibilidad de llegar a acuerdos no implica que siempre debamos ponernos de acuerdo. Sin confianza en la razón ni siquiera podríamos empezar a pensar. Podemos saber cosas con más exactitud que otras y no todo lo podemos definir. Saber y dudar se complementan, porque pueden existir dudas aunque a lo mejor no existan. Si no existe la certeza tampoco las dudas, ya que el conocimiento cierto es el que se puede comprobar, el que se puede dudar.
El pensamiento crítico es siempre un pensamiento concreto. Podremos decidir quien tiene razón en una determinada circunstancia dependiendo de los criterios que apliquemos; puedes tener criterios claros, no tan claros o ni tenemos criterios de decisión ni podemos tenerlos. Las cosas pueden ser verdad o mentira con relación a unos criterios o a alguna referencia. Siempre participamos con una visión de las cosas, aprendida al largo de los años con la familia, escuela, cultura… Es normal encontrarse con personas que no piensan igual que nosotros, pero hay que saber que nunca se sabe con certeza quien dice la verdad, hay muchas opiniones diferentes pero no todas son mentira y una verdad, sino que hay muchos grados de por medio.
Las cosas que creemos están íntimamente ligadas en la cultura y tradición de cada uno. Los humanos partimos siempre de un sentido común que es el que nos ha criado. Las cosas que creemos son tan importantes que debemos protegerlas y defenderlas, aunque no sea siempre fácil. Razonar las creencias y razonar sus consecuencias con actitud crítica, autocrítica. Cuando se trata de defender lo que creemos podemos pecar de indeferencia.
La desmoralización es más profunda que la desanimación ya que representa una pérdida del sentido, de orientación moral. El problema de la objetividad en la moral es muy complejo, hay 2 criterios que pueden conseguir que una moral personal sea una moral crítica y autocrítica; el criterio de utilidad (nuestras acciones serán buenas o malas según las consecuencias que generen) y el criterio de desinterés (hay que examinar si las decisiones tomadas son interesadas o también convenientes para otras personas en nuestra misma situación). La diferencia es lo que nos da personalidad.
Nosotros no pensamos por los resultados que el pensar genera, sino pensamos en los resultados. No es el método el que debe decirnos como hay que tratar las cuestiones, son las cuestiones mismas las que nos dicen como tratarlas. El problema nos dice en que campo nos hallamos y qué cosas debemos tener en cuenta, pero no nos dice como debemos actuar, que debemos hacer. Pensar siempre es algo que se realiza después de los hechos, nunca antes.
Por último, para entender la realidad hay que tener siempre presente que la vida no es lo que parece, las cosas no son tan simples como pueden parecernos, normalmente todo es más complejo de lo que creemos. Pensar es importante, y por muchas veces que pensemos en una misma cosa, siempre la encontraremos distinta que antes, nunca regresaremos al mismo sitio en el que hemos comenzado.
 
Por MIRIAM ROGER, 1ºBachillerato del IES Llombai (Burriana, Castellón)
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