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Filosofía para jóvenes y mayores

CINE: ¿Y tú qué sabes? (Dir. William Arntz, EEUU 2004)



¿Qué es la realidad? ¿Qué cosas son reales y qué cosas no? ¿Somos conscientes de todo lo que ocurre a nuestro alrededor?

Comencemos con datos concretos: sólo somos conscientes de una mínima parte de la información que pasa por el cerebro, es decir, que únicamente vemos una punta de un gran iceberg, una parte muy pequeña de la realidad. ¿Qué esconde la parte que no vemos? Otro dato importante es que se iluminan las mismas áreas del cerebro si vemos una cosa que si la imaginamos o recordamos, llegaremos a la pregunta de ¿quién ve? ¿El cerebro o los ojos? Por el contrario, muchas cosas que vemos con los ojos no las vemos con el cerebro, las tenemos todos los días con nosotros y no nos damos cuenta. ¿Por qué? Esto sucede porque copiamos patrones que ya tenemos interiorizados, y si algo que ves en el presente no lo has visto nunca y no tienes certeza de su existencia, no eres capaz de verlo, al igual que no ves las cosas que no crees posibles. Podemos decir, entonces, que la realidad se crea en todo momento en el cerebro.

¿Por qué seguimos una rutina? Hacemos todos los días lo mismo y ya no pensamos, no nos planteamos porqué o porqué no, ni siquiera somos conscientes de nuestras posibilidades. Aceptamos que las cosas son de una manera determinada y van a seguir siendo así, como si no pudiéramos cambiarlas o controlarlas. Pero estamos equivocados. Esta mentalidad viene de ideales como la religión o el materialismo moderno, que nos inculca la idea de que no somos responsables de los hechos que ocurren, sino que somos víctimas pasivas de una realidad determinada e invariable. Pero debemos dejar este pensamiento atrás, pensar como corresponde a nuestro siglo y abrir la mente porque lo que hacemos influye el entorno y en las personas. Todo está interconectado. Debemos dejar de creer que el mundo interior es menos real que el exterior y debemos empezar a contar con que el pensamiento crea y cambia lo que está fuera. Por ejemplo, el agua, el elemento más receptivo; sus moléculas cambian según el pensamiento. Apliquemos esto a nuestro cuerpo: la mayor parte de nuestro cuerpo es agua, ¿cómo puede afectarnos? ¿Cuánto puede cambiar nuestro cuerpo a consecuencia del pensamiento?

¿Realidad objetiva? En absoluto. Nuestro cerebro no diferencia el exterior del interior, es decir, que cuando sentimos cosas, las creemos realidades; las vemos como algo que todos sienten o deben sentir en ese momento. Si una palabra la unimos a un concepto a causa de una vivencia pasada que los ha relacionado, cuando oigamos esta palabra nos transmitirá entre otras cosas ese concepto. La imagen que tenemos de las cosas siempre está condicionada por las vivencias que hemos tenido. Nunca vemos las cosas cómo son. Sabiendo esto, podemos decir que, tener ciertos conceptos de las cosas hace que tengamos una manera de pensar determinada, y a su vez, esta manera de pensar influye en las decisiones que tomamos. Teniendo en cuenta que las decisiones forman el camino de la vida podemos decir que nuestra vida depende en gran parte de los conceptos e ideas que tengamos de las cosas a consecuencia de las vivencias pasadas.

¿Cómo llegar a la realidad? Olvidémonos de nosotros, de nuestra identidad, de las experiencias, de los conceptos, de las convicciones y concentrémonos en algo; lo que veamos entonces es real. Este trance puede durar minutos pero en la vida cotidiana ¿cómo acercarnos a esa realidad sin vivir en un eterno trance, casi imposible a largo plazo? Ignorando la religión, porque nos marca un camino a seguir; ignorando la información por la información, porque intenta crearte necesidades que no tienes y, con esto, hacer que seas quien no eres sino quien quiere que seas; ignorando los ideales y pensando más en los deseos.

Es muy difícil llegar a la realidad y, sobretodo, vivir en ella permanentemente pero podemos acercarnos poco a poco modulando el pensamiento y la forma de ver las cosas. Quizás algún día el hombre llegue a vivir en la total realidad, pero teniendo en cuenta lo atrasado que tenemos el pensamiento, quizás antes se nos apague el sol o desaparezca la tierra.


SHEILA TELLADO ABAD (1ºBACH.C.SOC.)
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